Los retratos en medallón, pese a su logro un tanto estandarizados, dejan paso a otros importantes por su relevancia artística, a plana entera. Destaca el de Diego de Narbona, velazqueño de influjo pues es de mirada humana y psicológica, y el muy natural también de Gregorio de Tapia Salcedo, el autor del tratado ecuestre que se comenta posteriormente.
El de Narbona, un notable jurista toledano, figura en un tratado de anales jurídicos del erudito Tomás Tamayo de Vargas (1642). Por su parte, el de Tapia, un caballero santiaguista muy señalado en la Orden como fiscal e historiador de ella, siendo muy de letras, pero gran entendido de las artes propias de los caballeros, se encuentra al frente de sus Exercicios de gineta del año siguiente y del que hay ejemplar en la RB.
Lo último de la producción de María Eugenia, finiquitada en 1652, sería un retrato precisamente en línea con los referidos en calidad. Se trata de una obra sobre el jesuita Alfonso Rodríguez de otro miembro de la Orden, el padre Francisco Colín, Vida, hechos y doctrina del venerable hermano Alonso Rodriguez, del año referido, ejemplar que existe no solo en el Monasterio de las Descalzas Reales sino en el de la Encarnación, siendo los dos de patronato regio [MD/C(421 y ME/203].
Otra obra de un relevante jesuita, el padre Francisco Aguado, que fue ministro de Olivares en diversas juntas de gobierno y confesor suyo, y titulada Sumo sacramento de la fe, tesoro del nombre christiano. (1640), luce una de las portadas alegóricas en frontispicio tan características en De Beer. El ejemplar se encuentra igualmente en las Descalzas [MD/B/127].