María Eugenia de Beer, gran grabadora cortesana del XVII
Valentín Moreno
María Eugenia de Beer, gtan grabadora cortesana del XVII
Se ha escrito que la artista de la estampación que nos va a ocupar estas líneas fue la única grabadora de su tiempo en tierras hispanas. No fue así, pues hubo alguna más, pero sí fue muy sobresaliente en su labor profesional por su enorme calidad y personalidad como maestra de la estampación. La otra mujer artífice del grabado en su época fue Anna Heylán, igualmente de padre flamenco, activa en Granada y buena burilista, aunque no tan brillante como De Beer, que además del buril dominaba el aguafuerte con excelencia. Era mujer sin duda de personalidad pues siendo muy joven gustaba de firmar su producción con el Doña por delante.
Las coordenadas iniciales
Cornelio de Beer, el padre, era un editor de estampas y pintor activo en Utrech hacia 1616, pero decidió llegar, un trienio después, a Madrid, capital de un imperio policontinental que demandaba profesionales cualificados. No existían en los reinos peninsulares muy avezados pues la edición hispana venía de la xilografía, muy presente hasta muy avanzado el siglo Dieciséis y la industria libraria era mucho menos potente en todos los sentidos que la flamenca.
Además, se estaba asentando la época del Barroco, un arte muy visual de gran consumo social que quería llevar la Corona al pueblo con sus claves ideológicas como analizó el profesor Maravall en su clásico estudio La cultura del Barroco (1975) y los grabadores flamencos tan avanzados de técnicas eran necesarios para ello.
En Madrid se casó Cornelio, con otra flamenca en 1621, y poco después nacería María Eugenia, criada entre tintas y pinturas en el taller paterno. Cornelio se relacionó con la corte pues al casarse su hija en 1641 con Nicolás Merstrat -ayuda de cámara real y bibliotecario del hijo natural del monarca Juan José de Austria, flamenco- le daría al yerno en dote, aparte de mil ducados -cantidad elevada prueba de su éxito tras llegar a la villa y corte-, setenta y siete cuadros, no pocos suyos, con retratos de los monarcas y del valido Olivares. Pronto esa retratística cortesana la influiría pues los incorporaría a su producción en medallones. Asimismo, le marcó la potencia retratística de Diego Velázquez, el pintor de cámara favorito del soberano. Pero antes de dedicarse María Eugenia a las portadas en frontispicio y a los retratos dejó muestra de su genialidad como grabadora de modo singular.
El Cuaderno de las Aves o cómo el genio es precoz
Se data el álbum calcográfico que comentamos entre 1637 y 1639. Es decir, María Eugenia era menor de edad al componerlo, verdadera adolescente, y sin embargo revela una sensibilidad exquisita propia de los grandes maestros del grabado de entonces. Se trata de un pequeño álbum delicioso de 12,6 x16,1 cm existente solo en único ejemplar, propiedad del Banco de España. Ingresó en su biblioteca [Cat. G_2637] en 1981 y al año siguiente se hizo facsímil, dada su gran categoría artística. Son veintitrés estampas más la portada, donde demostró la joven ya su habilidad para la animalística grabada con seres vivos especialmente delicados como son las aves. No extraña que el propio Banco de España hiciera facsímil en 2011 dada la notabilidad de este álbum tan singular, del que hay ejemplar en la RB [XXII/4041].
La portada presenta al centro, al pie en su parte inferior, un pavo real -asociado a la realeza desde los farones egipcios-, un búho a cada lado -animal emblema de saber-, garzas, por su elegancia, y en lo alto al centro el águila bicéfala de los Habsburgo, más apropiada que nunca en una portada tratándose de aves, flanqueado el escudo real por dos pavos.
Cuaderno de aves: simbolismo alegórico en portada
Esos años fueron los de construcción del Palacio del Buen Retiro y Olivares quiso que hubiera un gran jaulón de aves como símbolo de majestad, por lo que no es nada rara que una obra así fuera dedicada por la artista al príncipe Baltasar Carlos, siendo tan cortesanos los De Beer. Es un ejemplo además de naturalismo barroco pues si el Renacimiento fue el tiempo por excelencia de la anatomía humana, como ejemplifica escultóricamente el David, el Barroco mira iconográficamente a los animales como criaturas compañeros de viaje vital del hombre. Le influyeron a María Eugenia otras obras italianas grabadas sobre aves, y su curiosidad por reflejarlas con gran realismo es la estampa del Ilchiu, una rapaz española nocturna y por ello aparece a su lado una luciérnaga … Más adelante volverá esta grabadora excelsa al mundo animal a través de los Excercicios de la gineta (1643) [RB, VII/2133].
Ilchiu, ave nocturna, con su vecina la luciérnaga
Frontispicios y retratos: creación y psicología en estampa
Ya antes de casarse María Eugenia se dedicó a trabajar portadas grabadas para obras representativas, en folio, que permitían frontispicios artísticos, en los que volcaría esa creatividad demostrada previamente con las aves.
Lo primero que hizo al respecto, en 1640, fue un frontispicio en un tratado religioso, el de Francisco de Rojas, sobre las siete palabras de Jesucristo en la Cruz, que interpreta María Eugenia en su representación como árbol de vida y no de muerte. En un profuso rameado que rodea a un basamento con el título e identificaciones de la obra ofrece una imagen nuevamente naturalista. Están en lo alto en medallón el Rey Planeta a la izquierda, Olivares a la derecha y al centro el mozo Baltasar Carlos. Se presenta muy innovadora por el rameado tan visual. Hay que indicar que raramente María Eugenia contaba con un dibujante previo de su obra grabada pues ella misma dibujaba la imagen que iba a estampar.
Originalidad en puesta en página
Hay que destacar otro frontispicio para los Discursos espirituales del obispo Juan de Palafox (1641) donde repite el concepto de retratos en parte superior en medallón en triduo iconográfico pues representa al centro a la reina Isabel de Borbón, y a cada lado a otras dos Isabeles referenciales, la reina Isabel de Hungría, santa, e Isabel de Portugal, la esposa del emperador Carlos. Las presenta entre ramas de olivo y palmas de triunfo sobre dos ángeles tenantes en un lienzo que muestra los datos editoriales.
Los retratos en medallón, pese a su logro un tanto estandarizados, dejan paso a otros importantes por su relevancia artística, a plana entera. Destaca el de Diego de Narbona, velazqueño de influjo pues es de mirada humana y psicológica, y el muy natural también de Gregorio de Tapia Salcedo, el autor del tratado ecuestre que se comenta posteriormente.
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Reatratística natural, II
La visión de lo ecuestre en los ojos de De Beer
Exercicios de gineta [RB, VII/2133] recoge actividades ecuestres en la monta propia española, que era la gineta, heredada de los musulmanes. Era más ligera que la brida, más hierática y propia del continente.
Es el concepto librario en álbum como el Cuaderno de las aves, apaisado, y el frontispicio es muy hábil, gracias a una resolución compositiva con un caballo a cada lado en corbeta presentados en escorzo.
Fuerza y elegancia en frontispicio
Son ejercicios lúdicos, de habilidades, como la estampa haciendo el pino sobe la silla, y otras, también de juegos ecuestres en boga cortesana, como el de cañas, formando cuadrillas de nobles que se las tiraban para pararlas con amplios escudos de cuero llamados adargas, asimismo de origen árabe. Y por supuesto escenas de caza a caballo o de toreo ecuestre propio de los nobles con las suertes de la época sobre fieros toros … todo representado con la naturalidad habitual de la artista y su eficacia visual.
Aparece también retrato de nuevo de Baltasar Carlos, especialmente expresivo … Hubo de lamentar bastante María Eugenia su repentina muerte en Zaragoza en 1646, al igual que toda la Monarquía pues era la esperanza dinástica ante la gravísima situación de guerras europeas y en la península frente a portugueses y catalanes … Además, murió tras jurar las Cortes castellanas y aragonesas contando ya 16 años.
Captación psicológica del retratado: Baltasar Carlos en 1643
Tras casarse María Eugenia tuvo un varón, lo cual sabemos por el testamento de Cornelio, en 1648, que contaba entonces dos años. A su esposo se le pierde la pista en Madrid y hubo de regresar a los Países Bajos. Lo más lógico es que regresara junto a él y su niño para una nueva vida. No obstante, es extraño que grabadora tan sobresaliente no trabajara en la patria más relevante entonces para el grabado, y algún avatar o decisión seria la hubo de retirar. También es verdad que su notabilidad como grabadora en Madrid se difuminaba en las tierras flamencas ante la cantidad y calidad de otras personas de talla dedicadas al oficio. La bruma se hace espesa tras 1652 y no se sabe cuándo fallece ni dónde.
La producción de De Beer no fue muy extensa pues de la setentena de estampas calcográficas que realizó, veinticuatro son del Cuaderno de aves y treinta de los Exercicios de gineta. Pero en esa producción nos regaló su impronta de excelencia máxima. Patrimonio Nacional custodia una parte representativa de su labor en la estampa calcográfica pues hay que sumar a los Exercicios lo antes referido en los Monasterios de Descalzas y Encarnación y en la RB un manual de escribanos y secretarios, el de Gabriel Pérez del Barrio, Secretario y consegero de señores y ministros (1645, RB, I/D/187), que luce al inicio un escudo heráldico grabado por nuestra artista.