El Almanach de Gotha: Un anuario sin rival de la nobleza europea

En la Real Biblioteca se conserva una nutrida colección de publicaciones periódicas relacionadas con la estructuración de las casas nobiliarias españolas y europeas repartida en varias series adscritas a títulos genéricos: guías de la grandeza y guías de forasteros, el Kalendario manual y el Almanach royal francés, fundado en 1683 por el librero Laurent d’Houry –el número más antiguo en la Biblioteca corresponde al año 1735– o, para terminar, el Gothaisches genealogisches Taschenbuch der Gräflichen Häuser, con ejemplares fechados entre 1874 y 1929 y dos décadas del Gothaischer Genealogischer Hofkalender Nebst Diplomatisch-Statistischem Jahbuch (1901-1929). La más notable de estas series, tanto por su volumen como por su continuidad en el tiempo, es el Almanach de Gotha, que se alza con el prestigio de ser considerado como la publicación de mayor autoridad en todo lo que concierne a la clasificación de las monarquías y sus cortes, las dinastías reales, las familias nobles y la aristocracia más encumbrada de Europa. Sus páginas incluyen también datos sobre el cuerpo gubernamental y diplomático así como diversas estadísticas por países.
 

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Breve historia editorial

El Gotha –que es la manera común de referirse a esta serie– recibe su nombre de la ciudad alemana que le sirvió de sede editorial. El primer número se publicó en 1763 bajo el patrocinio de Federico III de Sajonia, a cargo de C. W. Ettinger. Aquel volumen inaugural no superaba la veintena de páginas, apenas un folleto que, año a año, iría incrementado su contenido hasta conformar el aspecto de sólido libro de bolsillo que ofrece la serie desde los inicios del Ochocientos. El francés y el alemán alternaron en la publicación desde el principio. También fueron varios los editores pero el nombre que se asocia por excelencia a esta guía de la nobleza europea es el de Justus Perthes, cuya casa editorial se ocupó anualmente de publicar un volumen de la serie desde 1785 hasta 1944.
 

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Tras sobrevivir a la Primera Guerra Mundial, las dificultades económicas generadas por el conflicto bélico hicieron peligrar la estabilidad de la publicación. Una de las iniciativas que prosperaron en ayuda de la continuidad del Gotha encontró en el patrocinio de la casa real española un aval prestigioso: la Asociación de Amigos del Almanaque de Gotha, constituida en 1935 en apoyo de la empresa editorial, contó con la presidencia de Alfonso XIII, entonces en el exilio. La publicación se mantuvo pero no sobreviviría a la Segunda Guerra Mundial. En 1945 las tropas soviéticas que tomaron la ciudad de Gotha destruyeron los archivos de la publicación y el editor buscó refugio en Stuttgart. 

Desde 1951 a 2013 se hicieron esfuerzos por rescatar al Gotha. C. A. Starke, primero desde Glücksburg y después desde Marburg, publicó nuevas entregas del almanaque con el título de Genealogisches Handbuch des Adels. La nueva edición se ocupaba solo de los aspectos genealógicos de las casas nobles y excluyó los contenidos reservados en la serie anterior a diplomacia y estadística.
 

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En 1992 los herederos de Justus Perthes recuperaron su derecho a utilizar el título original de Almanach de Gotha en la continuidad de la publicación. Lo hicieron por tiempo breve porque en 1998, John Kennedy, un editor establecido en Londres, compró los derechos del título inaugural y retomó la publicación de la serie pero en lengua inglesa, la nueva lingua franca de la diplomacia que había desbancado al francés. El éxito de la empresa, cuyo aspecto formal y la calidad de impresión no rivalizaban con la tradición de la serie, no fue el esperado. 

El último intento de redimir el Gotha corresponde a la casa editorial italiana Ettore Gallelli. En marzo de 2022 publicó el Calendario di Gotha, una versión que procura recuperar las señas de identidad del almanaque original, perdidas o desdibujadas en los sucesivos intentos editoriales del siglo XXI, recuperando la calidad del papel y la estructura temática del modelo: un detallado directorio de las dinastías reinantes, o que un día lo fueron, y toda la alta nobleza asociada a los linajes más distinguidos.

  
El Gotha en la Real Biblioteca

El volumen más antiguo del Gotha conservado en la Real Biblioteca corresponde al año de 1776. Algunas faltas en la continuidad de la serie revelan que los convulsos acontecimientos históricos y políticos que afectaron a España y a Europa dejaron también su huella en los ingresos de libros en este depósito. Es el caso del bienio 1930-1931 o de intervalos más extensos, como el que ilustra la falta del Almanach de Gotha entre 1934 y 1938 o entre 1940 y 1944, con la excepción de la entrega correspondiente a 1942, la última que ingresó en la Biblioteca.
 

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La parte más valiosa de la colección corresponde a los ejemplares del siglo XVIII. Su encuadernación, distinta en cada volumen, los distingue de la uniformidad con la que se vistieron de manera industrial a partir del XIX. 

Además de las noticias genealógicas que son la seña de identidad del Gotha, los números más antiguos ofrecen series iconográficas agrupadas en doce estampas que se reparten los meses del año. Su valor alegórico e instructivo es evidente: en 1776 se ilustran doce actividades de la vida cotidiana de una aristócrata desde que se levanta de mañana, en el mes de enero, hasta que se acuesta, en diciembre. El resto del calendario se adorna con escenas como “Le bain” (febrero), “la visite inattendue” (abril), “les confidences” (agosto), “la promenade du soir” (septiembre) o la “soirée d’hyver”, correspondiente a octubre. Es decir, el día de una gran dama, sus ocupaciones íntimas y sociales, repartidas en un año. Los grabados del Gotha de 1785 ensayan en otra docena de estampas los progresos de la humanidad, desde “l’Etat primitif de l’homme”, cuando el mundo era enero, hasta una pesimista conclusión en diciembre que se ilustra con unas “Suites de la Culture des Arts dègènèrèe”. La decadencia, por tanto, del arte y la cultura como destino de la humanidad.
 

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Los principios de la Ilustración latentes en el enunciado de las portadas del Gotha dieciochesco, que anuncian diverses connoissances curieuses et utiles pour l’année…, vigente hasta la edición de 1789, van cediendo a medida que la publicación se adentra en el XIX a favor de unos contenidos cada vez más exhaustivos en la elucidación de las casas nobles. Desde 1870, el título ampliado de la publicación se resuelve en un Annuaire Généalogique Diplomatique et statistique y en el propósito de que la administración de esas noticias replique un orden que es clara ilustración de las diferencias de rango en la vida real: primero las casas reales o principescas reinantes en Europa; después las familias nobiliarias pero sin reinado efectivo y, por último, las diversas ramas aristocráticas derivadas del Sacro Imperio Romano Germánico en compañía de la alta nobleza del resto del continente.

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Alfonso XIII y el Conde de las Navas: Intentos por completar una colección

Algunos documentos administrativos conservados en la Real Biblioteca nos ofrecen noticias sobre la recepción del Gotha en la librería de Su Majestad. En la segunda década del siglo XX, el conde de las Navas hizo repetidos intentos por completar la colección. La iniciativa había partido del propio rey Alfonso XIII que, en noviembre de 1909, había expresado su voluntad de suplir las faltas en la serie (ARB/36, CARP/6, doc. 135: 196394). Desde entonces y hasta 1918 hay constancia documental de las gestiones del bibliotecario por satisfacer el encargo del rey. La correspondencia generada por la secretaría de la biblioteca atestigua el cruce de cartas entre el conde las Navas y diversos editores y libreros. En noviembre de 1909 Esteban Dossat remite al conde de las Navas una oferta para hacerse con ejemplares del Almanach (ARB/36, CARP/6, doc. 134: 196392). La adquisición ascendería a sesenta y seis ejemplares que se compraron al año siguiente (ARB/37, CARP/13, doc. 211: 197304). El librero de Múnich Theodor Ackermann hace su oferta al bibliotecario en abril de 1913 (ARB/40, CARP/14, doc. 262: 199178) y en mayo de ese año, el conde de las Navas le propone la adquisición de los ejemplares correspondientes a los años 1771 a 1774 de la edición en francés, siempre que estén en perfecto estado (ARB/40, CARP/14, doc. 263: 199180). El interés del bibliotecario por completar la serie le llevó a recurrir también a coleccionistas particulares, como José María Velázquez Gaztelu, que esa misma primavera quiso saber qué números faltaban en la colección real por si, con alguno de los suyos, podía contribuir a completar lagunas (ARB/40, CARP/14, doc. 226:  199109). 

No todas las ausencias pudieron repararse pero la colección del Gotha reunida en la librería real sigue siendo la más completa de cuantas se conservan en España.